BUSCANDO nuestro LUGAR EN EL MUNDO...
Una aventura familiar
Las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida, no siempre son las acertadas. Quizás porque son demasiado meditadas, o por el contrario, no las meditamos lo suficiente, o por inexperiencia. Como sea, muchas veces nos arrepentimos de algo.
Cómo explicarles a mis hijos la complejidad de esto?. Cómo explicarles que viven donde viven, un lugar sin el canto de los pájaros, con el aire envenenado donde el cielo siempre es gris y no se ven las estrellas, donde la gente solo piensa en sí misma y devolverles el saludo les supone un agravio, donde el ruido es constante y nos llegan las señales de ocho Wi-Fi, y un largo etcétera, por una mala elección?. Desde el día de la compra del piso, sus padres han tenido que aprender muchas cosas.
Pensábamos que como mucho viviríamos aquí un par de años y que luego buscaríamos un lugar definitivo, pero las cosas se complicaron, y llevamos nueve años intentando cambiar de sitio, sin hacer partícipes a nuestros hijos, para evitarles tanta decepción.
Después de mucho cavilar, caí en la cuenta de que buscar juntos un lugar mejor era la mejor forma de afrontarlo. Así le di la vuelta a la situación y eso que pesaba tanto en nuestro corazón, se transformó en un proceso constructivo. Agredeciendo siempre, el tener cosas vitales, que tanta gente en el mundo no puede tener.
Ese fue el primer paso, el siguiente fue darse cuenta de que no era tan fácil económicamente. Pelear con uñas y dientes para conseguir más horas de trabajo. Horas y horas de búsqueda de alquileres durante más de un año. Ajustarnos cada mes más el cinturón. Imprevistos económicos como que se rompe el coche, etc. Sobrevivir a desalmados que ofrecen un inmueble que se corresponde más a una ruina que a la descripción que hacían y perder los ahorros que no teníamos en ir a verlo. Todo esto ha sido una pequeñísima parte de todo el proceso que aún no ha terminado, porque después de todo esto, seguimos sin el fruto anhelado. Es fácil imaginarse que el ánimo a estas alturas no esté en los niveles más altos que digamos, al punto de noche tras noche soñar con el final deseado de haber encontrado...
Nuestro lugar en el mundo.
Afortunadamente, ellos, mis hijos, siempre están allí con la respuesta.
Nunca dejan de sorprenderme su capacidad de adaptación. Los admiro por ser como el agua que fluye por cualquier terreno, y frente a un obstáculo se detienen por el tiempo necesario para acumular energía y sobrepasar las piedras del camino, y, cuando el paso es muy estrecho gota a gota consiguen hacerlo más grande, siempre buscando fluir en libertad… Siempre haciendo el camino con admiración y alegría.
Me quedo con esta lección de mis dos maestros: Ñ y A. Porque sé que a su lado todo tiene solución y porque haciendo los caminos juntos creceremos y aprenderemos más.
Al fin y al cabo todos estamos haciendo camino, en busca de algo…
Este ha sido nuestro más reciente trocito de camino recorrido, y a pesar de no encontrar lo que buscamos, lo hemos disfrutado mucho!